
Curo mis penas con lo primero que encuentro. Curo mis lamentos con cualquier cosa deseable. Curo las heridas de mi corazón, encerrándome y no saliendo de mi habitación. Curo todas y cada unas de mis lágrimas sumergiéndome en un aspero y espeso sufrimiento. El dolor que siento, va disminuyendo poco a poco, pero nunca cesa.
NUNCA.